Estuvimos hablando hasta que el hambre se hizo inaguantable y nos fuimos cada una para su casa pero quedamos en encontrarnos esa misma tarde en el parque de las Ps donde tantas tardes habíamos pasado juntas. Yo iba en dirección de mi moto. Tenía que coger la mochila y aparcar la moto más cerca de casa de mis padres.
Entonces fue cuando me choque con un chavalito de trece años.
- ¡Ey tu chavala! Mira por donde andas. ¿Es tuya esa moto? –me dijo señalando mi moto.
- Claro. ¿por? –le dije alucinando.
- A por nada. Porque mola. Simplemente eso. –para ser simplemente eso, su manera de comportarse era extraña y también le sentó mal. Puso cara de decepción. En ese momento reconocía aquella cara que me había sonado familiar desde un primer momento.
- ¿Iker? –dije sin llegar a creérmelo.
- ¿Tata? –entonces me di cuenta. Aquel adolescente era mi hermano pequeño aquel a que había echado tanto de menos. Había crecido tanto desde la última vez que le vi. Le pegue un abrazo aunque en otras circunstancias se que habría sido muy arisco, esta vez fue muy cariñoso.
- Ay mi pequeñajo, lo mucho que has crecido para el poco tiempo que ha pasado. –le digo mientras dos lagrimas pasan por mis ojos.
- Ha sido mucho tiempo, tata. Ha pasado ya un mes aunque la ultima vez que hable contigo ha sido este mismo miércoles para felicitarte. Ya que estas aquí podrías pasarte por casa…-no le deje terminar la frase ya que sabia lo que me iba a decir.
- No, tato, ya sabes que las cosas con tu madre no estás bien, con Vane las cosas dejaron de estar hace mucho tiempo y con aita para que mencionarlo ya sabes desde que me cambie el apellido no me quiere ni ver y no le culpo.
- Lo sé, pero tenía que intentarlo. Una cosa me dan vacaciones de Semana Santa el viernes que viene. ¿Qué te parece si me voy a pasar esas dos semanas contigo a San Sebastián? – me pregunta dudoso.
- Claro por mi perfecto, ya sabes que por mi todo bien además si eso la segunda semana que yo también tengo fiesta nos vamos por ahí. ¿Qué te parece? Pero tendrás que pedirle permiso a tu madre. – le digo seriamente, no quiero tener líos con la que hace ya tiempo fue mi madrastra.
- No te preocupes me dejara, ya sabes pasan de mi. Además me voy contigo no con un desconocido. ¿Entonces vienes a por mí el fin de que viene?
- Sí, pero me quedare aquí el fin de en casa de mi madre asi que marcharemos el domingo por la tarde. Acuérdate de coger y ponerte el equipaje de la moto que para algo te lo regale.
- Sí, si, me lo pondré ya sabes que me encanta.
- Bueno me tengo que ir a comer nos vemos el domingo que viene. Te quiero enano.
- Cuantas veces te diré que no me llames enano y que no me digas esas cursilerías en la calle pero yo también te quiero tata.
Me pongo el casco y veo a legarse en dirección de su casa. No me ha contado nada de Jenny, algo que le agradezco, aunque sea la hermana de mi hermano no es más que eso, para mi dejo de tener importancia hace ya tanto tiempo que apenas lo recuerdo.
Aparco la moto delante de la casa de mis padres, saco las llaves y me pongo a subir las escaleras aunque ahora ya haya ascensor yo sigo subiendo las escaleras como cuando vivía en esta casa. Mientras subo las escaleras que me llevan al quinto piso, pienso en la semana de vacaciones que le prometido a mi hermano, se perfectamente a donde quiero ir, iré a Castro Urdiales, una ciudad de Cantabria. Tengo una visita que hacer a un viejo amigo. Una mañana dejare a Iker bañándose en la piscina de la urbanización en la que alquilare un piso por esa semana. Ya en el quinto abro la puerta de la casa.
- ¡Hola ama, hola papa! – grito encuentro entro por la puerta.
- Hola hija, cuánto tiempo – me dice mi madre regañándome por no visitarla más a menudo.
- No ha sido tanto, ama, eres una exagerada.
- Bueno vamos a comer que tengo hambre. – dice mi padre con una sonrisa de oreja a oreja.
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