sábado, 26 de junio de 2010

12.Cosas que pensar

Me quedo de nuevo mirándole, hay tan dormido, sus pequeños ronquidos iban al ritmo de las palpitaciones de mi corazón. No recuerdo que había pasado después de ese beso y tampoco tengo muy claro que lo quiera saber simplemente me tumbo otra vez en la cama. Apoyó mi cabeza en la almohada y al de un segundo se gira hacia a mí, su brazo pasa por mi cintura abrazándome, le tengo tan cerca que noto su respiración en mi cara. Está realmente guapo dormido. Recuerdo perfectamente el día que le bese por primera vez.

Era un día soleado, salíamos del instituto, hacia poco había sido su cumpleaños y quise regalarme un beso, quería regalarme mi corazón, pero no me atreví, asique pasaron unos días hasta que me hice la valiente. Cuando ya nos encontrábamos solo y después de mucho tiempo tonteando le bese, si habitualmente no soy muy lanzada pero con el todo es diferente, le bese como jamás había besado a nadie y sentí mucho más de lo que jamás había podido sentir con ningún otro beso. Paramos de besarnos y se lo confesé.

- Te quiero – le dije casi en un susurro.
- Yo también, desde hace mucho. – y nos volvimos a besar.

Seguía tumbada mirándole como respiraba, como dormía tranquilamente, no puedo cerrar los ojos por miedo a que desaparezca y que esto solo sea un sueño.

- Mmm. Buenos días. – me dice mientras empieza a abrir los ojos.
- Buenos días, Mario. – le digo sonriendo, me gustaría preguntarle que paso ayer pero no me atrevo del todo.

Sus ojos verdes están parados en los míos. Hace que mi corazón palpite más rápido y mis mejillas empiecen a coger un color rosado. Le sonrió, es guapísimo, no le recordaba tan guapo en cada uno de mis sueños desde hace 3 años.

- No te acuerdas de nada ¿verdad? – me dice mientras se acerca aun mas a mi si eso es posible.
- No, no me acuerdo de nada, mi último recuerdo es cuando te bese. ¿Qué paso? ¿Por qué llevo tu camiseta puesta? – ahora que me había fijado mejor me había dado cuenta que la camiseta que llevaba puesta era la de él.
- No paso nada, no quería aprovecharme de que estabas mal, Mai deberías beber menos.
- Lo se, pero ayer estaba tan confusa… - esta vez me acerque yo para apoyar mi cabeza en su pecho.
- ¿Qué te pasa Mai? – me dice mientras me da un beso en la frente.

Habían pasado 3 años desde que no nos veíamos y no habíamos acabado muy bien nuestra relación pero aquí estamos en mi cama abrazamos como si siguiéramos juntos, esto no tiene sentido pero me siento tan a gusto como antes.

- Que ya no sé lo que siento – le confieso – tu eres, has sido y siempre serás mi primer amor pero no sé si serás el ultimo y no sé que sientes al verme de nuevo después de 3 años pero yo si se lo que siento, solo quiero besarte y volver a ser tuya. Quiero despertarme cada mañana como hoy. Quiero que seas la persona que eres en este momento y aunque sea una situación de los más rara, porque lo es Mario – entonces me incorporo un poco para poder mirarle otra vez a esos ojos verdes que me hipnotizan – porque no es normal que me haya levantado contigo en mi cama, y que no recuerde nada y este tan cómoda. Mario quiero ser solo tuya.

Si lo había soltado todo, después de eso no podía mirarle mas a los ojos, asique vuelvo a la misma postura de antes, protegida entre sus brazos.

- Mai, yo…
- Mario no quiero que digas nada que no sientas pero si estamos así no es por nada. – le digo esta vez sin mirarle a los ojos no podría mirarle sin que mis ojos enrojecieran.
- Déjame que lo piense, sé que hay algo pero desde que te fuiste han cambiado mucho las cosas. Es verdad que siento mucho hacia ti y si te soy sincero, ayer me costó muchísimo no hacerte mía de nuevo pero si pasa creo que los dos tenemos que estar serenos…

Dejo de escucharles ya que mi voz interna grita tanto que no me deja escucharle. No pienso nada más, me deshago de sus brazos y me giro hacia él. Quiero ser suya. Le miro y me sonríe, le beso, me besa. Pasión, mucha pasión en cada uno de los besos. Me quita la camiseta despacio después de muchos besos apasionados y caricias. Me besa desde los labios hasta el último rincón de mi cuerpo. Me olvido de mi resaca, de mis dudas, de sus dudas, de todo. Me besa en el cuello como nadie excepto él hacía. Mi sangre hierve mientras me quita la camiseta. Yo me encamino a quitarle la única prenda que tiene, sus calzoncillos cuando noto que abren la puerta.

- ¿Mai? ¿Estas dormida? ¿Que tal…- no llega a pronunciar nada más, me mira – cojonudo – y dicho eso cierra y se va.

Mierda, Lander no me acordaba que estaba en mi casa ni tampoco del beso de ayer. Me pongo la camiseta a todo correr y salgo detrás de él. Pero antes me dirijo a Mario.

- Lo siento pero Lander es… - no sé cómo explicárselo. Asique decido no seguir la frase cualquier explicación habría carecido de sentido.
- Pero Mai…

No le escucho lo que dice, ya que ya he salido por la puerta de la habitación.

No hay comentarios: